Para disfrutar del azul con total tranquilidad, hay principios que deben grabarse a fuego en tu cerebro de buceador. No son "consejos del instructor", son las leyes físicas y fisiológicas que mantienen tu integridad física bajo el agua.
Es la primera que aprendes y la más importante. La Ley de Boyle no perdona: el aire se expande al subir. Bloquear la respiración durante el ascenso, por mínimo que sea, puede causar una sobreexpansión pulmonar. Mantén una respiración pausada y continua siempre.
Subir como un cohete es la forma más rápida de terminar en la cámara hiperbárica. Dar tiempo a tu cuerpo para eliminar el nitrógeno gradualmente es sagrado. Un ascenso lento (menos de 9 metros por minuto) previene la formación de burbujas peligrosas en tus tejidos.
El sistema de compañeros no es social, es de seguridad. Un compañero bien entrenado es tu fuente de aire redundante, tu par de ojos extra y quien puede resolver un problema menor antes de que se convierta en una tragedia. En el buceo DIR, el equipo es el individuo.
No entres al agua sin comprobarlo todo. Grifería abierta, reguladores que funcionen bien, ala o jacket que infle y desinfle, y que tu latiguillo largo esté libre. Realiza siempre un briefing de seguridad con tu compañero antes de saltar.
Un buceador que no controla su flotabilidad es un peligro para sí mismo y para el ecosistema. Golpear el fondo consume gas innecesariamente, te estresa y daña la vida marina. El control de la flotabilidad es la marca del buceador experto.
Estas cinco reglas son la base de todo lo que enseñamos en La Azohía. Si las respetas, el Mediterráneo será tu patio de recreo más seguro.